Siempre anacrónica, inactual, intempestiva,
la revolución llega entre el ‘ya no’ y el ‘todavía no’, nunca a punto, nunca a tiempo.
La puntualidad no es su fuerte. Le gustan la improvisación y las sorpresas.
Sólo puede llegar, y ésta no es su menor paradoja, si (ya) no se la espera

BENSAÏD, Daniel
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